Noroña contra una alcaldesa en duelo.



Redacción | Desde el Caribe |

Lo dicho por Gerardo Fernández Noroña contra la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, no es solo una falta de sensibilidad, es una muestra más de su incapacidad para ejercer la política sin recurrir al ataque personal, la insinuación cobarde y el machismo más rancio.

Noroña eligió el peor momento y el blanco más fácil; una mujer que acaba de perder a su esposo, que afronta un municipio lastimado y que ha asumido un cargo con una presión que muchos de sus colegas jamás han soportado.

 ¿Y cuál es la reacción del senador?

Acusarla de “ambición”, llamarla “fascista”, inventarle alianzas con “extrema derecha” y sugerir que solo es un instrumento de otros. 

La narrativa clásica, desacreditar a una mujer, negar su capacidad y convertirla en caricatura para defender intereses propios. No es valentía. Es oportunismo político disfrazado de crítica ideológica.

 Noroña presume ser un hombre de izquierda, pero reproduce los mismos patrones de violencia política de género que históricamente han expulsado a mujeres del espacio público. Su discurso no cuestiona decisiones, cuestiona la legitimidad de una mujer para ocupar un cargo. Y eso no es política. Es misoginia con micrófono, configurado  a "Violencia Política en Razón de Genero."

La presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que recordarle hoy en la conferencia: "La mañanera del pueblo" lo básico, lo elemental, "sensibilidad". Una palabra que parece ausente en el diccionario de un senador que se siente autorizado a insultar, humillar y manipular discursos  para acomodarlos a su propio juego.

La esposa del alcalde, hoy alcaldesa de Uruapan no está pasando por un momento fácil, acaba de perder a su esposo. Yo creo que en esa parte tiene que haber una sensibilidad, para empezar”. Señalo Sheinbaum Pardo 

Sin embargo, las declaraciones de Fernández Noroña revelan temor. Miedo a una mujer  que no se pliega a su línea. Miedo a que las investigaciones que él intenta frenar avancen contra sus correligionarios (Leonel Godoy Rangel, Raúl Morón Orozco e Ignacio “Nacho” Campos) . Miedo a perder relevancia, porque para Noroña el protagonismo no es una herramienta, es un ansiolítico. 

Lo intolerable no es que opine, sino la violencia con la que lo hace. Y la impunidad con la que cree que puede seguir haciéndolo. México tiene una legislación clara sobre violencia política en razón de género. Y lo que dijo Noroña encaja en cada casilla, estereotipos, descalificación, menosprecio, insinuaciones que buscan dañar la reputación de una mujer por ser mujer.

No es “polémica”: es violencia. Y aquí está el punto que muchos evitan decir en voz alta, Noroña no criticó a una alcaldesa; atacó a una mujer en duelo porque creyó que no podía defenderse. Ese es su nivel.






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